LECCIÓN DE VIDA Y DESPUÉS,… PESCA


Por Eduardo Furlong // Agosto 2020


Una historia de las que tantas veces se dan en el mundo de la pesca con mosca, en donde es común encontrar camaradería, solidaridad y lecciones de vida.
Colegas; algo más desde el Sur. Este relato tienen dos facetas, una va de la mano de la pesca y la vida misma, la otra es “forever pesca”.


Fui contratado por un Outfitter para guiar a unos Canadienses, John y Henriet matrimonio de más de 50. Horario de salida 7.30hs o clock, mi llegada al rio es a las 7.00 hs. Preparo la balsa cargo los petates y espero pacientemente.
Pasan las horas y aparece el Outfitter con sus clientes y me dice que el mío está descompuesto y llegara a las 14 hs, si no llega a esa hora me vendrá a buscar una camioneta de la empresa. Ustedes imaginan la cara de este pajarraco calentón?
Bue, dije ya nada me sorprende. Armé mi caña y me puse a despuntar el vicio.

Pasada una hora más o menos me doy cuenta de que un señor, desde un auto me observa. Termino de pescar un pequeño run y me voy a la balsa que estaba en el agua a unos 10 m del auto de este señor. El sitio es la curva del Manzano del Chimehuín y quien lo conozca sabrá de qué hablo.
Me pregunta si está buena la pesca y adónde voy con la balsa, le respondo que se pesca bien y estoy esperando a unos clientes. Me pide que si me puedo acercar un poco porque no me escucha bien. Pensé, lo único que me falta!!! Un doble mano (sic), la p… que lo parió ya me calenté y con no buena cara me acerco, mientras doy pasos… pienso… que no se le ocurra decirme nada raro porque le meto una piña!!!
Al estar más cerca me dice, disculpe… como se llama señor? Eduardo respondo. Disculpas Eduardo, tengo problemas de locomoción… -dice- … no puede caminar fácilmente… y comenzó una charla muy amena.
Al acercarme al auto para ver sus moscas veo que es un auto automático típico de un lisiado, más me sorprendo cuando veo dos prótesis en el asiento del acompañante. Sonríe y me comenta… cuando me canso de andar me saco las patas y las dejo a un lado… sonreí por instinto. Y sigue comentando que corría en autos y en un accidente perdió sus dos piernas de la rodilla hacia abajo.
Se llama… PEPE por decir un nombre. Cuando lea este relato si él quiere se dará a conocer. Aclaro, que le comenté que escribía y si me daba su visto bueno para hacer conocer esta historia por así llamarlo.
Normalmente en estos casos no se da el nombre de la persona porque es normal que cada lector sienta cierta lastima por ellos y nada más errado! No quieren la lástima porque quieren ser iguales a todos, solo que los diferencia un problema físico!
Bue… me pregunta con un entusiasmo increíble lo de la balsa, cómo es? se pesca mejor? Cuánto sale?...bla bla bla. Y la pregunta final: llevarías un tipo con mis problemas? Le dije que sí, que no veía más que un pequeño inconveniente, pero que nada impedía que disfrute de la pesca…su cara se iluminó y comenta de los sinsabores vividos con guías cuando veían su diferencia física.
Le comento... querés pescar?... me encantaría, dice… pero cómo? Ok. Preparate que bajo las cosas de la balsa y aunque sea una horita date el gusto. Cuánto me cobras? me pregunta… chabón!!! Después hablamos, no cobro si no te gusta mi servicio (digo riéndome).
Espera que me pongo las patas, el agua no está fría, dice y se ríe mucho (pienso que bárbaro… loco… yo que creía que se me venía el mundo encima… mirá este tipo… las ganas de vivir, parece un niño con su juguete nuevo!!!!).

Se acercó con sus muletas y lo subí a la balsa, le dije que pescara con mi caña que ya estaba armada y caminé rio arriba unos cien metros hasta un poco más del puente de hierro.

Para sorpresa pescaba bastante bien lo cual hizo que enseguida una de mis “niñas” le regalara una alegría, “pequeña niña” pero su cara era fantástica al ver la trucha… unas tres o cuatro más y por fin una de kilito toma su Adams, corrida, arrimada y corrida, salto y el amigo extasiado. Yo pleno, me olvidé de la vida, de los gringos, solo miraba al amigo. Nada más que su alegría concentraba mi atención…
La acercamos al bote, la tocó muy suave, le dijo gracias Arco iris y la soltó.

Ya llegarían mis clientes, y salimos.
Saca su billetera y me pregunta: cuánto te debo Edu?… lo miro… y respondo nada amigo, me pagaste con una lección de vida, gracias.
Nos dimos un fuerte abrazo y la promesa que regresaría a que le muestre mi Chimehuín ni bien pueda.

Llegaron mis clientes… el amigo miraba como armaba mi mesa para almorzar… el chofer cuando lo ve me pregunta, que mira ese tipo??? le digo: ya te contaré una historia… ya te contaré.


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